miércoles, 8 de junio de 2011

Jornadas RETAM

Otro reto en el que nos embarcamos fue el de RETAM, que según se mire, fue exitoso o un fracaso. Nos quedamos con lo primero, pero desde luego, no terminó siendo lo que confiábamos que fuera. Me explico. RETAM, Taller de Asociaciones de Mujeres Rurales Emprendedoras pretendía ser unas jornadas teórico-prácticas cuyas destinatarias eran las asociaciones de mujeres de la comarca, once en total. Sabíamos de antemano lo arriesgado de la propuesta porque ¿quienes somos nosotras, sino una asociación más? Pues esa era la idea, que somos una asociación más, y que cualquiera de las asociaciones podemos salir del ámbito privado, y organizarnos, y emprender actuaciones públicas reivindicativas en materia de igualdad, y de cualquier otra que esté reflejada en nuestros estatutos como prioridad. Y podemos hacerlo por nosotras mismas. La clave es saber quienes somos y qué queremos.

Nos llevó meses elaborar la parte teórica. Hay que tener en cuenta que no somos expertas en teoría, ni tampoco en asociacionismo. Planificamos y organizamos todos los detalles. Iniciaríamos el taller con un cuestionario, para ubicarnos un poco ¿quienes somos? ¿qué dicen nuestros estatutos? ¿que objetivos tenemos? ¿qué nos aporta individualmente la asociación? ¿qué aportamos cada una de nosotras a la asociación? ¿qué aporta nuestra asociación a la sociedad de nuestro entorno? ¿qué grado de compromiso tenemos en la asociación?, etc. etc. La segunda parte teórica la basamos en ejemplos de como materializar una idea, primero en proyecto estructurado, después la búsqueda de financiación, si la necesitara, y finalmente, la organización misma de la actuación; lo que nos llevaba a la importancia fundamental de que nuestras actuaciones sean siempre abiertas y públicas. Finalmente, teníamos previsto un taller práctico de diseño, para demostrar lo fácil que puede llegar a ser plasmar una idea y convertirla en algo tangible y útil, como puede ser un cartel, un catálogo, un decorado, sin necesidad de que nos lo hagan, que puede resultar caro, lento, o simplemente, que nos convierte en meras espectadoras pasivas de nuestra asociación, sin participación en equipo, sin complicidades, sin compromisos.

Para terminar, pretendíamos hablar de la importancia de la organización, aunque lo hacíamos desde la subjetividad. Estábamos hartas de acudir a reuniones locales y comarcales "de mujeres" y que siempre pasara lo mismo: las organizadoras no mostraban ningún tipo de organización: primero en una sala, luego, no, mejor nos mudamos a otra; primero alrededor de una mesa, después conforme van llegando más personas, nos levantamos, acoplamos las sillas nuevas, se pierde el hilo de lo que se hablaba, se comienza de nuevo, estamos demasiado lejos de la mesa y no tenemos ningún apoyo si queremos tomar notas; un rato después de comenzar alguien se acuerda de que no hay folios, va a por los folios, se vuelve a interrumpir; a media charla, se acuerdan del proyector, van a buscar el proyector, instalan el proyector, prueban el proyector, etc. etc. Nos parecía que para ser personas que llevan tiempo, años, organizando reuniones, charlas y jornadas, esa pobreza organizativa era un poco como de desprecio hacia las que acudimos, como si en realidad se tratara de un puro trámite, sin más objetivos ni contenidos, y que por tanto, no es necesario preparar nada. Así que, muy artesanas nosotras, y muy hormiguitas, y muy aprovechadoras, diseñamos logo, carteles, carpetas, folleto con la programación, y organizamos la mesa de trabajo con todo el material, de forma que ya de entrada, invitara al trabajo. No fue gran cosa, pero ahí están las fotos, nos quedó apañadito. Incluso los colores del logo tenían su significado: el verde, la fuerza y lo rural; el lila, el color del feminismo; y el naranja, un guiño a nuestra asociación.

En cuanto a las jornadas en sí, pues acudieron dos asociaciones de las once; nos saltamos la programación que con tanto esmero habíamos planificado, no llegamos a rellenar el cuestionario... Entramos directamente a debatir temas asociativos exclusivamente -que eso en sí mismo nos pareció a DahirA un verdadero éxito, porque, en otras actuaciones similares, cotilleamos y hablamos más de nuestras vidas privadas, que del tema que nos ha reunido- acerca de quienes somos y qué queremos, así como el origen, o el posible origen de la apatía generalizada en las asociaciones, común en toda la comarca. Tan enfrascadas estábamos debatiendo, que se nos olvidaron los descansos para desayunar.

El taller de diseño también terminamos modificándolo y lo dinamizamos en la sede de una asociación de las dos que acudieron, Aldama, en Almaciles, y estuvo abierto no solo para todas la socias que quisieron, sino para la población en general; lo enfocamos directamente al diseño de carteles para el 25 de noviembre, ya que la fecha estaba próxima. Este taller si que estuvo muy bien. Mucha participación de mujeres de todas las edades, desde adolescentes hasta ancianas. Y con muchas ganas de diseñar. Decidieron que los carteles reflejaran el puente de Almaciles -ya que Aldama nació precisamente para defenderlo del saqueo y el abandono en el que estaba-, y las manos contra la violencia y por la igualdad. Cada grupo realizó un cartel, y DahirA los fotografiamos y los llevamos a imprenta, dándole las copias a Aldama para que las distribuyeran por la localidad.

Ese fue nuestro segundo intento para que las asociaciones de la comarca actuáramos unidas e independientes de la administración. Volvimos a perder. Y, de momento, no hemos pensado en volver a intentarlo. Pero, quien sabe en el futuro...

ArtesanasDahirA.

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